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jueves, 14 de agosto de 2014

Y aquel barquito navegó

La vieja canción infantil lo describe perfectamente
Había una vez un barquito chiquitito
Había una vez un barquito chiquitito
Que no podía
Que no podía
Que no podía navegar
Pasaron un, dos tres, cuatro, cinco, seis semanas
Pasaron un, dos tres, cuatro, cinco, seis semanas
Y aquel barquito
Y aquel barquito
Y aquel barquito navegó

Han sido mas de seis semanas, de hecho más del doble, pero el resultado no ha variado: el Quimura navegó. Fue el día 10 de agosto. Habíamos estado terminando algunos detalles de electricidad tales como cambiar la bombilla de la luz de navegación de estribor (si, la verde) que no funcionaba además de otras tareas de limpieza y orden.

De repente el interior del Quimura se parecía al interior de un barco y no a una especie de chatarrería con piezas,cables, interruptores, herramientas camisetas viejas o trapos rotos usados en las labores de pintura. Los cofres fueron tragándose todo lo útil que andaba esparcido por cualquier rincón o superficie y las bolsas de basura hicieron lo propio con el resto. La premisa de "sin piedad" sigue siendo una de las consignas que seguimos en Quimura. Un barco es un espacio tan reducido que hay que ser muy práctico y riguroso a la hora de almacenar enseres. Esa tendencia, tan arraigada en las casas de todo el mundo, a acumular sin ton ni son todo tipo de cacharros con la excusa de que "puede que sirvan para algo" debe erradicarse a bordo. Por cierto que resulta un curioso aprendizaje digno de experimentarse. Lo recomiendo.

Eran las nueve de la noche cuando arrancamos el motor y comenzamos a soltar amarras. Pepón a la caña y yo corriendo la cubierta. La luna había salido hacía unos minutos aunque todavía no se enseñoreaba de la oscuridad. El viento, a pesar de haberlo citado, no había acudido. Así que nos esperaba una primera singladura exclusivamente a motor.



La bocana del Puerto del Candado está abierta a levante, muy cerca de la playa. Tiene fama de ser una salida (o entrada) complicada, sobre todo si la mar anda algo revuelta. En cuanto cruzas la bocana debes hacer un giro de casi 90 grados hacia el sur para seguir el canal de profundidad que la draga mantiene regularmente abierto. De no hacerlo corres el riesgo de encallar. Quimura, en ese aspecto, tiene la ventaja de su escaso calado: solo 1'20 metros. Aún así, navegamos escrupulosamente por el centro. En seguida nos recibieron las olas. En Málaga lo llaman "magón" es un mar de fondo persistente e incómodo que levanta olas de altura notable para no haber viento.

No levantamos vela alguna y el barco bandeaba de un lado a otro ante las acometidas de agua que nos enviaba la mar. La luna ya era un círculo inmenso en el horizonte. De hecho Pepón me dijo que hacía veinte años que no se veía tan grande y nítida.


Era muy tentador llevar el rumbo que nos marcaba ese camino de "baldosas amarillas", pero seguirlo nos atravesaba a las olas y el balanceo se hacía mas acusado y difícil de controlar por lo que optamos por dejarlo por la amura de babor y llevar un rumbo mas confortable. De todas formas, teniendo en cuenta que al día siguiente tenía que atender mis obligaciones laborales levantándome a las seis y media, optamos por poner proa al puerto de nuevo. Llevábamos una hora navegando.

Si al zarpar había sido mi amigo el que ejercía de patrón, a la vuelta  era yo el que manejaba la caña. Con las olas llegándonos por la popa, la entrada era delicada pues, nada mas enfilar las dos boyas, hay que dar un giro rápido a la vez que surfeas la ola. Sin mucha experiencia y al mando de un barco del que, pese a ser mio, desconocía su comportamiento la tensión que sentía era mucha. Pero no cedí al miedo. La presencia de Pepón a bordo me serenaba: si metía la pata, el estaba ahí para poder resolverla.


Y entré. Con algo de ayuda, debo reconocerlo, pero entré. Y amarré. Y haberlo hecho me ha supuesto una gran satisfacción. Es lo bueno de tener amigos. Te ayudan a superar obstáculos y miedos.

Ahora comienza una nueva etapa donde se mezclará el trabajo con el disfrute de la navegación. Seguiré poniendo a punto mi Quimura y lo disfrutaré con navegaciones, en principio cortas, pero todo lo continuadas que me permitan las circunstancias.

Para eso lo he comprado.

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