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lunes, 6 de julio de 2015

Cocina reparada. ¿Un café?

En medio de todos los diferentes arreglos  que acometo, destinados a garantizar la seguridad, la eficacia en la maniobra o la eliminación de problemas mas o menos estructurales, coleaba la idea de poner en funcionamiento la cocina del barco que, aparte de no prender ni chispa de fuego, tenía los quemadores con una inmensa capa de cal, oxido y material indescriptible. 




Como la cuestión del gas a bordo me daba un poco de miedo, había retirado la bombona e incluso desconectado el regulador de gas del tubo que lo comunica con todo el circuito. En casa, tranquilamente, lo comprobé a fondo, lo limpié y pinté tras cerciorarme de su buen funcionamiento y lo llevé de nuevo a bordo para ver si había fugas en algún tramo, si las llaves cerraban como es debido y si, tras ese inicio, los quemadores prendían. Primero, empapando de jabón líquido las zonas de conexión, visualicé que no aparecía burbuja alguna que indicase fuga. Luego, en plan mas bestia, con un mechero recorrí todas las conducciones lentamente corroborando que no existía ni la mas mínima fuga. Lo malo fue que los quemadores seguían sin encender. Así que inicié su desmontaje


Su estado era bastante lamentable. Las juntas de aislamiento estaban partidas en varios trozos en la zona exterior. La punta del termopar se parecía mas a un trozo de hierro oxidado que a cualquier otra cosa. Aun así volví a intentar comprobar si hasta ahí llegaba el gas. Nada. El siguiente paso era retirar los termopares que, ademas de su función, se usaban como anclajes de la base interior.



En teoría algo sencillo de realizar pero, como siempre, el oxido impedía cualquier cosa. menos mal que me di cuenta de que los termopares podían desconectarse de la zona de botones de encendido porque allí estaban bastante sanos.



Así quedó la base interior una vez desmontada.



Lo malo fue que al intentar retirar el termopar el metal se quebró como plástico de mala calidad.


Después de haberlos quitado volví a probar si llegaba el gas. El sistema que usaba era casi de riesgo pero no se me ocurría otro mejor: Abría el regulador de gas mínimamente y acercaba una llama al final del tramo que estaba probando. Debo decir que estas pruebas las hacía con ayuda de mi almiranta preparada para  cerrar la llave en el momento del encendido. En esta ocasión tuvo que trabajar haciéndolo porque se prendió. Esto me alivió bastante porque significaba que el problema estaba en el ultimo tramo del circuito o en los propios termopares. Decidí dar una limpieza a fondo a esas piezas y comprar juntas  y termopares nuevos. Logré encontrar una empresa que tenía repuesto de piezas de la marca de mi cocina: una Cramer. Compré las juntas pero los termopares me parecieron carísimos pues me pedían 29 €, así que decidí buscarlos en Málaga y tuve suerte. Los encontré, no se si de la misma marca, por ocho euros y ante la duda compré uno para probarlo primero y si funcionaba comprar otro. En las fotos se puede apreciar los que desmonté viejos y los nuevos. Hay que decir que juntas lleva cuatro dos en la superficie y otras dos en la zona inferior.




Limpiarlo fue sencillo gracias a esa máquina de la que me estoy volviendo adicto: la Dremel. El resultado fue mas que satisfactorio aunque las fotos no le hagan justicia como podéis comprobar en la de arriba. Usé la misma forma de sujeción pero con una arandela mucho mas grande que la antigua. 



Reconozco que en cuanto tuve instalado el primero me faltó tiempo para probar su funcionamiento. ¿Prendería? Pues si, al segundo intento la llama quedó fija en el quemador haciendo de esta forma bueno su nombre. No se si puede apreciarse pero en la siguiente foto se ve el fuego.


Como imaginaréis fácilmente el resto fue pan comido. Ahora solo me queda llegar un día y prepararme un buen café. ¿Gustáis?

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