Me había planteado varar el Quimura en la segunda mitad de febrero para evitar el exceso de demanda que suele ocurrir en las épocas de mejor tiempo. Así que el día 16, tras confirmarlo con el responsable del varadero, de nombre Juan, solté amarras para acercar mi barco a la zona reservada para esos menesteres. Como comprobareis no existe un travel lift moderno sino que solo se cuenta con elementos casi manuales pero tan eficaces como se pudieran desear. Y Quimura fue izado a tierra sin mayores inconvenientes a pesar de ser mi primera experiencia navegando en solitario; solté amarras de mi atraque y lo llevé al varadero sin ayuda alguna.
.
.
