En su momento habíamos detectado el mal funcionamiento de la veleta sujeta en lo alto del mástil y que indica el rumbo que tiene el viento. Era fácil notarlo porque no se movía absolutamente nada. Sin embargo, justo en la primera salida que hacíamos solos Pepón y nosotros, con un viento alegre, pareció recomponerse. De hecho pensamos que la aparente avería solo se trataba de haber estado necesitada de movimiento y navegación. Sin embargo, en posteriores observaciones, nos dimos cuenta de que era mas complejo; la veleta se atascaba cada vez que debía señalar por babor y los brazos indicadores de babor y estribor no estaban bien colocados.
La solución, estaba claro, pasaba por subir hasta la punta del palo para resolver el problema allí mismo o desmontar la antena y bajarla para arreglarla tranquilamente o comprar una nueva. Ante esta situación yo comencé a mentalizarme que debía hacer esa ascensión pese a mi estado recién recuperado del accidente. Mi sorpresa fue grande cuando mi almiranta se ofreció como escaladora y mano de obra.